Batumi quedó atrás esta mañana, el mar y los cables eléctricos cruzados sobre la avenida principal y ese olor permanente a sal y gasolina quemada. Ahora estoy en Almaty, y lo primero que noto al salir del edificio donde recogí las maletas es que el aire huele diferente: más seco, algo parecido al polvo caliente sobre asfalto, con un fondo vegetal que no había esperado. La luz de la tarde ya cae larga sobre las calles y los autobuses amarillos lanzan sombras que se estiran hacia los edificios residenciales de los años setenta, esos bloques de fachada gris con balcones donde alguien siempre ha colgado ropa.

Pero vengo con algo pendiente desde ayer, y no consigo sacármelo de la cabeza.

Ayer, en Batumi, hablé con un hombre en la calle Ninoshvili, cerca del jardín botánico, que dijo conocer un lugar en Almaty donde supuestamente podía conseguir mapas físicos de montaña para la región de Tian Shan, buenas cartas topográficas, no las copias borrosas que venden en los puestos turísticos. Me lo escribió en un papel: un nombre de tienda en la calle Bogenbai Batyr, sin número de local ni ninguna indicación más precisa. El papel lo tengo aún en el bolsillo exterior de la mochila, doblado en cuatro. No sé si el hombre era fiable o si simplemente me estaba soltando información genérica para parecer útil; esa era la duda que me quedó flotando en la noche.

Esta tarde fui a Bogenbai Batyr. La calle es larga y hay mucho de todo: farmacias, panaderías, un local de fotografía con fotos de bodas en el escaparate que llevan ahí probablemente desde 2009. Encontré tres sitios que podían vagamente ser librerías o papelerías, pero ninguno tenía nada que se acercara a cartografía seria. En el segundo, le pregunté a una mujer que estaba ordenando cuadernos si conocía algún sitio de mapas en la zona. Me miró un momento sin decir nada, luego señaló hacia afuera con la cabeza y dijo algo en ruso que no entendí, y cuando saqué el papel con el nombre de la tienda lo miró, lo giró como si lo leyera al revés, y me lo devolvió. Ni confirmación ni negación. Volví a doblar el papel y lo guardé.

Pasé por el parque Panfilov de camino a ningún sitio en particular, porque en algún momento hay que parar de buscar una cosa y simplemente estar quieto. Hay una escultura en el sector de Internatsionalnaya que no aparece en ninguna descripción que yo haya leído, tres figuras metálicas con proporciones ligeramente incorrectas, como si el escultor hubiera calculado mal la escala de las cabezas. No es que sea fea. Es que resulta extraña de una manera concreta, y me quedé mirándola más tiempo del razonable mientras un chico con auriculares pasaba por al lado sin mirarla en absoluto.

No encontré los mapas. El hombre de ayer puede haber tenido razón sobre la tienda y simplemente ya no existe, o nunca existió como él la recordaba, o el papel tenía el nombre mal escrito. Estas cosas pasan. Lo que sí es cierto es que ahora sé que en Bogenbai Batyr hay una panadera que vende borek de queso por treinta tenges, que el relleno estaba demasiado salado pero el hojaldre tenía una textura decente, y que la tienda de fotografía con las fotos de boda tiene una pegatina en la puerta donde alguien escribió a mano, en inglés, «no wifi». Información inútil. La apunto igualmente.

El autobús amarillo que pasó dos veces por la misma calle mientras yo buscaba la tienda todavía no sé a dónde va.

Imprescindible en Almatý, Kazajistán

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