Perdí el billete de vuelta entre un cruce y un tazón de ramen
«No hay asiento libre», me dijo la chica del mostrador en el Ramen Yokocho, sin levantar la vista del bloc. Era la tercera vez que entraba a preguntar en veinte minutos, y el pasillo olía tan fuerte a caldo de miso que ya me lo estaba comiendo de pie. Llevaba en Sapporo poco más de dos horas y ya i…