Ciento setenta y siete con cincuenta
«¿Vas a pedir algo más o solo el té?», me preguntó la mujer desde detrás del mostrador, sin mala intención, pero con ese tono de quien lleva cuatro horas de pie y no está para dilaciones. Le dije que el té estaba bien por ahora. Me miró un segundo, volvió a sus cosas y yo me quedé mirando los 177,5…