Brindis sin subtítulos, cuenco en mano
«Bé, bé», repitió el hombre de mi izquierda levantando el cuenco hacia mí, y yo lo imité sin tener ni idea de lo que estábamos celebrando. La tetería olía a caldo de cordero y a algo lácteo que no sabría precisar, y afuera el barrio funcionaba en otro registro, más festivo, más ruidoso, con gente q…